
Fue en Enero, justo cuando la madrugada se agitaba inquieta, sacudiendo el lastre de lo que comenzaba a ser AYER, mientras la Patria miraba agradecida aquel regalo que Enero le otorgaba para todos los tiempos. 1959 amanecía con sabor a Año Nuevo, a Libertad, incapaz de resistirse al empuje incontenible de aquel mar de Verde Olivo.
El pueblo se lanzó a las calles, o mejor dicho, todas las calles dejaron de serlo para convertirse en Pueblo. Y ahora sí los ojos miraban de frente la increíble realidad de un Primero de Enero de 1959 donde éramos definitivamente Libres. Entonces, el alma de esta Isla tomó en sus manos la sangre derramada y pintó con ella el color del porvenir, para que aún nos miremos en el espejo de quienes dieron sus vidas por esta Libertad conquistada a sangre y fuego.
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La música de nuestro Himno Nacional fue compuesta por Perucho Figueredo en la madrugada del 13 al 14 de agosto de 1867.
A simple vista la instantánea que encabeza este artículo dice muchas cosas. ¡Claro!, muy horribles, pues en ella está grabada la huella insoportable del llanto de una niña o un niño, que muchas veces, aterrados y sufridos lo único que pueden hacer es llorar, llorar y llorar, como única alternativa de defensa.
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